Deportistas gracias a un trasplante.

Trasplantados que han obtenido medallas o hacen intensa actividad física cuentan su experiencia para demostrar la vida que viene tras la operación.

Compartido por Deporte & Trasplante España.

Por Leonor García. malagahoy.es.

Algunos han estado al borde de la muerte y muchos enganchados a la diálisis durante años. Quizás por eso celebran tanto la vida ahora que un trasplante les ha devuelto la salud. Ríen con ganas, agradecen a sus donantes y dan aliento a los que esperan un órgano. “A los que están en lista de espera yo les diría que no se preocupen, que después del trasplante van a ganar calidad de vida”, afirma Francisca Silva. Antes de recibir un hígado, esta mujer de 37 años no podía hacer deporte por su enfermedad. Ahora, un lustro después de aquella operación, puede llegar a pedalear 30 kilómetros del tirón. Javier Miranda confirma: “Lo bueno viene después del trasplante”. Este joven de 29 recibió un hígado hace menos de un año. Estaba enfermo desde los 3. Ese órgano le ha cambiado la vida. Fanático del ciclismo de montaña, aspira a competir en los Juegos Mundiales para Trasplantados que se celebrarán en Málaga el año que viene.

Un puñado de trasplantados que han obtenido medallas en competiciones nacionales e internacionales o que desarrollan una intensa actividad física se prestan generosamente a este reportaje con cuatros objetivos: reiterar la gratitud hacia sus donantes, promocionar la donación, animar a los enfermos en lista de espera y demostrar que el deporte no sólo es posible, sino hasta conveniente tras un trasplante.

Alberto Segura lleva 20 años trasplantado de riñón. Hace ciclismo, tenis y natación. Ha competido en Australia, Tailandia, Japón, Hungría y se ha traído tantas medallas que ya ha perdido la cuenta de cuántas tiene. Dice que está en baja forma y a continuación relata que es capaz de hacerse 90 kilómetros con la bici en cinco horas. Como todos los demás, aspira a participar en los Juegos de 2017. “Pero nuestro objetivo no es ganar medallas, sino difundir la donación. Porque la meta es que más gente done porque así muchos enfermos que están en diálisis podrán disfrutar de lo que nosotros disfrutamos ahora”, aclara Alberto. Sus palabras cobran más sentido si se tiene en cuenta que muchos pacientes renales acaban encadenados a la máquina durante cinco horas tres veces por semana.

El regalo de una donación les ha dado una segunda oportunidad. Por ello se beben la vida con optimismo y no tienen remilgos en mofarse de algunos contratiempos. Cuenta Alberto que en uno de los Mundiales no le llegó la maleta. Así que no tenía pantalón para competir. No se lo pensó dos veces y se puso un calzoncillo que daba el pego. Y así quedó inmortalizado con su medalla de bronce en Canadá: en ropa interior negra de canalé.

La anécdota arranca risas entre sus compañeros. Entonces empiezan a calcular cuánto tiempo llevan vivido gracias a un trasplante. Suman y concluyen que 115 años. El resultado es recibido con un sonoro aplauso.

José Antonio Hierrezuelo está trasplantado de corazón. Dice que antes de la operación se asfixiaba solo con ir del salón a la cocina de su casa. Cuando estaba en una ambulancia, camino de Sevilla para someterse a las pruebas previas al trasplante, se preguntaba si podría volver a montar en bici o a jugar al baloncesto. Un año después de la intervención, intenta recuperar su actividad física. De momento lleva “seis honrosas derrotas” en ping-pong en la Liga Provincial.

Vicente Granados es el veterano del grupo. Lleva 29 años trasplantado de riñón. Ha competido en Inglaterra, Hungría, Francia, Japón, Australia, Tailandia, Sudáfrica y Argentina. Tiene tantas medallas que ya no sabe cuantas lleva. “Funcionamos por un regalo de la vida”, recuerda, parafraseando el eslogan de la Federación de los Juegos Mundiales de Trasplantado de la que es consejero. Confiesa que hace tiempo participó en la maratón de Nueva York sin decir que era trasplantado para que no le prohibieran correr. “Los últimos cuatro kilómetros los hice llorando”, cuenta. El trasplante no sólo le regaló años de vida y la posibilidad de afrontar una intensa actividad física, sino también de concebir dos hijos, ya que antes su enfermedad se lo impedía.

A José López un cáncer le rompió repentinamente los planes. La enfermedad lo abocó a un trasplante de hígado. Se le hundió el mundo. No sabía que años más tarde obtendría premios de ciclismo en Sudáfrica, Argentina y Suecia. “Cuando me dijeron que me tenían que trasplantar me hinché de llorar. Pero al final te das cuenta que es una ventana para seguir viviendo y bien. Por eso tenemos que ser un ejemplo para los que están en lista de espera para un trasplante y lanzar un mensaje de normalidad porque a los trasplantados no tienen por qué meternos en una burbuja”, argumenta.

Asunción Lozano también tiene un hígado regalado. “Estoy empezando a hacer deporte y aspiro a competir en carrera y natación en los mundiales”, dice.

David Laguna, trasplantado de riñón, participa en atletismo y tenis de mesa. Acaba de disputar la maratón en Sevilla, aunque dice que no se trajo premio porque “siempre se los llevan los etíopes”. Enfermo de insuficiencia renal desde que tenía cuatro meses y preso de la diálisis durante más de dos años; disfruta ahora de la calidad de vida con que le ha obsequiado su donante. “Ahora hago más ejercicio que antes”, relata.

El rarito del grupo es José Luis Maury. A él no le trasplantaron un órgano sino el intestino. Fue la segunda intervención de este tipo que se hizo en España. Tras la operación, se atrevió con el Camino de Santiago e hizo nada menos que 300 kilómetros. Ahora se dedica a deportes suaves, como el paddle o el golf, pero aclara que no porque su salud se lo impida, sino porque es lo que le gusta.

“Yo solo tengo la medalla de la Virgen del Carmen”, bromea Antonio Gutiérrez, cuando se le pregunta su trayectoria deportiva. Hace ciclismo, natación y tenis pero sin exigirse. Asegura que participará en los Juegos de 2017 porque sus amigos lo están contagiado y porque quiere superarse a sí mismo. Antonio padecía insuficiencia renal y aguantó dos años en diálisis. Hasta que un miércoles lo metieron en lista de espera para un trasplante. “Al día siguiente me llamaron para operarme y el viernes estaba orinando con mi nuevo riñón”, recuerda.

También fue la insuficiencia renal lo que obligó a Josefa Gómez a trasplantarse. Y no una vez, sino tres. Su labor más intensa es presidir la Asociación de Lucha contra las Enfermedades Renales (Alcer), pero en lo deportivo opta simplemente por el senderismo. Pepi pretende competir en marcha en los Juegos que tendrán lugar en Málaga del 25 de junio al 2 de julio de 2017. “Hacer deporte es una forma de agradecer a nuestros donantes porque nos han devuelto la vida. Tenemos que sensibilizar en favor de la donación”, esgrime.

Para Alejandro Rivera los de 2017 serán sus primeros Mundiales. Competirá en triatlón. También tiene en mente el reto de hacer los 101 kilómetros de Ronda. “El deporte me da la vida”, cuenta este trasplantado de riñón de 37 años. En torno a una mesa del polideportivo de Carranque, en una tarde soleada y tibia, cada uno va desgranado su historia. Relatos que primero hablan de sufrimiento y miedos y después de vitalidad y disfrute. A modo de resumen, cada cual lanza una frase. José Antonio -que tiene una cicatriz que le atraviesa el pecho- deja la suya con la que arranca los aplausos de sus compañeros porque resume mejor que ninguna lo que todos sienten: “Qué corazón más grande tiene la familia de mi donante”.

Fuente: http://www.malagahoy.es/article/malaga/2234642/deportistas/gracias/untrasplante.html

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