Al deporte le falta corazón y alma.

Por Angel Sanz.

Esta semana he leído una de las declaraciones de amor más impresionantes que han caído en mis manos. Era una carta titulada “Lo que el Mundo Necesita” y en él, un enamorado explicaba por qué cada una de las partes del cuerpo de su amada era algo que el mundo necesitaba para tener sentido. Justificaba la existencia de su pelo, de sus ojos, de su nariz, de su boca, de su espalda, de sus piernas, etc… pero terminaba diciendo que, con toda la importancia que cada parte tenía, realmente lo que hacía que la chica fuera de otro planeta era la conjunción de todos esos elementos unidos por el corazón, el cerebro y el alma. 

Este blog no va de temas de enamorados ni del corazón, pero sí que va de esencia y del porqué de las cosas relacionadas con el deporte, la educación, el talento y el negocio. Esta declaración me ha hecho pensar que estamos muy centrados en analizar cada una de las partes, que nos quedamos en la superficialidad de elementos individuales que en si mismos pueden ser excepcionales, pero nos olvidamos que el valor real, lo que llega, lo que marca la diferencia es cómo eso se convierte en un todo. 

Nuestro deporte tiene un montón de ingredientes que individualmente son espectaculares. Tenemos algunas estrellas que han brillado por si mismas y muy probablemente porque decidieron no seguir el sistema establecido (Nadal, Alonso, Gasol, etc…). Luego vino la selección nacional de fútbol que también brilló haciendo cosas diferentes. Esto nos ha hecho pensar que somos una potencia deportiva. Que somos de otro planeta. Que no hay quien nos gane.

Pero no nos hemos dado cuenta de que nos estábamos engañando. Que nos estábamos dejando convencer por la belleza puntual de algunos triunfos que simplemente nos son sostenibles en el tiempo y aún menos cuando no han sido consecuencia de una sistema recurrente con una inversion planificada sino una excepción como una política de cantera realizada por Cruyff y un entrenador como Del Bosque que entendió cómo gestionar ese talento. O una familia como la de Nadal o Gasol que les permitieron ir contracorriente.

Cada una de esas individualidades no hacen el deporte. Ni siquiera la suma de ellas si no es de una manera armoniosa y con un fin común. El deporte también está viviendo lo que hemos vivido estos meses con nuestros “fantásticos políticos” que nos han hecho pasar la vergüenza de repetir las elecciones porque no son capaces de ver el bien común por encima del individual.

El deporte aún no se ha dado cuenta de que tiene dos fines principales: 1) una herramienta educativa y 2) una herramienta inspiradora. Y la parte del negocio y del espectáculo debe estar alineado con estas dos funciones innegociables. Cuando se desalinean, las consecuencias son tremendas (ej. los fans de la Eurocopa, deportistas ejemplos de malas prácticas, o instituciones que no cumplen con su cometido) y devolverlo al redil es complicado pero sobre todo se dejan plumas que ya nunca se recuperan.

El deporte está en una continua lucha por demostrar su valor. Nuestra mente nos permite entender lo que puede llegar a ser. Toda madre quiere que su hijo haga deporte, pero muchos padres pierden el norte cuando van a ver jugar a sus hijos. Entendemos que el deporte educa, pero también aceptamos que se puede perder la educación en un evento deportivo. Y nos parece normal tanto una cosa como otra. Es una ironía de difícil explicación.

Entonces, si sabe lo que debería ser. ¿Por qué no lo es?. Mi opinión es que el deporte ha perdido su corazón y su alma. Por eso no es tan bello como podría ser. Por eso no es capaz de ser la chica de otro planeta de nuestra carta de amor. Es una tía que es preciosa, una chica florero con la que te encanta hacerte una foto pero con la que no se puede construir porque la esencia no está. La ha perdido.

La única manera de recuperar esto es a través de las personas. Las personas somos las únicas que tenemos corazón y alma. Tenemos a las personas equivocadas al frente de esto. No por sus capacidades sino por su esencia. Una esencia que sea tan sustancial como para hacer lo que sienten a pesar de las dificultades. Personas que trabajen a largo plazo a pesas del sistema. Personas cuyo porpósito vital esté alineado en la dirección que sabemos que el deporte debe ir pero no tenemos las narices de poner en marcha de manera firme.

Cuando una pareja como la de nuestra carta consigue juntarse, el impacto que tiene a su alrededor es imparable. Inspira, da esperanza de lo que puede ser una pareja, nos muestra otra dimensión de relaciones, de quererse y de ayudarse para conseguir un propósito que está por encima de ellos mismos. Justo lo que nos gustaría ver en nuestro deporte. Necesitamos amantes así, que estén dispuestos a entregar su corazón y su alma incondicionalmente. Desde ahí, el crecimiento va a ser imparable.

No es difícil identificarlos, suelen brillar cuando pasas a su lado. Transmiten felicidad, pasión y siempre están dispuestos para ayudar y a crecer. Pero si nos parece demasiado profundo, empecemos por involucrar a aquellos que parecen que están locos de remate. De esos que van contracorriente. Desde ahí podremos ir filtrando pero lo que es seguro es que el camino del cambio será espectacular.

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Los locos de remate son los que nos hacer crecer. Despiertan nuestro corazón y nuestro alma.

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