RALLY DAKAR: Llovera reniega del papel de Héroe: “Tengo brazos, ojos, orejas…”

El primer discapacitado con licencia para competir inicia el lunes su quinto Dakar: “Cada uno tiene lo suyo: hipoteca, enfermedad, te deja la novia…”

Albert Llovera conducirá un camión en el Rally Dakar. Foto:Santi Cogolludo.

Compartido por Jose M Martin.

Publicado por Andrés Corpaselmundo.es/deportes

«¿Héroe? ¿Yo? ¡Qué va!». Albert Llovera (Andorra, 1966) recuerda que fue el primer discapacitado que obtuvo la licencia para competir, y que actualmente hay 47 pilotos en Europa que, como él, demuestran su valía en el volante. Pero se niega a que le tilden como alguien mejor que el resto. Habla con prisa, como corre, y cada frase alberga una experiencia. Se nota que es conferenciante más allá del aventurero que este lunes inicia su quinto Rally Dakar.

«Esto es adictivo para muchos, pero no para mí. Si no fuera a mi quinto Dakar, no se acabaría el mundo, hay más cosas en la vida. A veces nos dicen que somos héroes. No. Un héroe es quien no sabe a dónde va, se tiene que ir de casa con una mano delante y otra atrás, o se le muere la familia en una guerra. Nosotros hacemos lo que nos gusta, pero hay diferencias», argumenta este piloto a quien la organización ha calificado como «loco» más de una vez.

«Creo que tengo una forma de ser muy latina, que choca con la gente a la que le montan todo. Los demás somos aventureros. Yo curro como un loco todo el día». Desde que se levanta, sube al camión con un sistema de poleas y soporta como puede el calor infernal y los innumerables golpes de la máquina. Para llegar ahí, ha tenido que compaginar su trabajo en una ortopedia con sus conferencias motivacionales y la búsqueda de patrocinadores. «Paso entre 200 y 250 días fuera de casa. Soy mi mánager y el director general». El presupuesto para cumplir su sueño es de unos 400.000 euros, aunque cuenta que él aporta «un tercio». Es decir: esta es la locura de un cuerdo. El sueño de un tipo despierto. «Además del Dakar, hice el Mundial de Rallys, el campeonato de Rallycross y todas las disciplinas posibles. Me encantan los rallys, sea asfalto, arena o nieve. Hago de todo; intento divertirme mucho y disfrutar de la competición como de la vida».

Lloverá, durante el Rally Dakar de 2014. Foto: Ramón Navarro. MARCA

Y es que, aunque esté en una silla de ruedas desde los 18 años, nada le frena. «Tengo una discapacidad de lujo: tengo los dedos, los brazos, los ojos, el tacto, las orejas…, y hasta la cabeza, bastante bien [risas]. Con eso, la gente ve que aunque tengas un accidente en casa no te mueres lentamente. Siempre digo que no hace falta hacer el Dakar, porque todos tenemos una lucha diaria: quien no tiene una hipoteca, tiene una enfermedad o le ha dejado la novia. No sé. Cada uno tiene lo suyo. He pasado por otros tragos que no me gustan, pero sigo», cuenta sin más, sabedor de que, en mitad de la nada, volverá a hacerse la misma pregunta mientras mira al infinito. «¿Qué hago yo aquí? A 60 grados, hirviendo, enganchado en la arena… Se viven momentos críticos. Si eso no te pasa por la cabeza, eres Superman. Y no lo soy. Luego arrancas y a los 20 kilómetros estás disfrutando. Soy un privilegiado por estar ahí», afirma sobre un Dakar en el que se ven sus gestas, pero no «las 16 horas sin parar o el tiempo sin vacaciones». «No hago el esfuerzo por el Dakar. Llevo 20 años intentando superarme, no tengo que demostrarme nada. No sé dónde tengo los límites, pero hago las cosas por ilusión».

Ahora bien, cada vez que llega a meta y desciende con el sistema de poleas de su camión Tatra Jamal, comienza otro Dakar. «Acabo muy cascado las carreras. Me matan más las que tienen polvo y calor. En Bolivia habrá cinco etapas y no tres como antes, y lo pasaré mal. Desde la cintura hacia abajo no tengo mal de altura, pero esa parte de mi cuerpo no sabe lo que le pasa. Tengo espasmos, los sufro durante entre 15 y 20 horas al día. Y acabó aplastado. Me consume la energía. Así que los siguientes tres meses me recupero si me ha salido alguna llaga, trató de rehabilitar la cadera por estar tanto tiempo sentado recibiendo golpes, porque la zona de los abdominales queda mal. Además, pierdo entre seis centímetros de altura. Acabo mal, porque el Dakar no está pensado para nosotros», indica, mientras afirma que este año tendrá una gran novedad: una máquina que ha ingeniado el doctor Eduard Estivill, y que le permite descansar cuando duerma y no sufrir por las apneas que le golpean por no usar el diafragma.

«Es genial, a pesar de esas 16 horas de trabajo», resume Albert Llovera, con su ilusión intacta. Trigésimo quinto en 2016, pretende, sólo, pasarlo bien, y con un buen trago, como diría Constantino Cavafis.

Fuente: http://www.elmundo.es/deportes/2017/01/01/5867ae0846163fdf5b8b4603.html

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