Extremadura, cima de la innovación del Deporte Paralímpico.

El laboratorio de Biomecánica de la Facultad de Ciencias del Deporte de Cáceres es un centro tecnológico único en España ideal para introducir la industria en la universidad.

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Marta Parralejo, futbolista del Santa Teresa, trabaja su estabilidad en el tapiz rodante.

Compartido por Emilia Guijarro Gonzalo.

Publicado por Alberto Garcíahoy.es/extremadura.

La Fórmula 1 es el carísimo banco de pruebas de los fabricantes de coches. Del circuito a las carreteras. La mayor parte de los instrumentos y los materiales que inundan nuestros utilitarios estuvo antes en un monoplaza, desde los frenos de disco a los cinturones de seguridad, pasando por las carrocerías de fibra de vidrio. De la universidad a la calle. Con ese mismo espíritu pionero el laboratorio de Biomecánica del Movimiento Humano y de Ergonomía de la Facultad de Ciencias del Deporte de Cáceres ha escondido en sus techos kilómetros de fibra óptica, colgado de sus paredes decenas de cámaras e instalado sobre sus mesas decenas de ordenadores que analizan los datos que paren algunos de los dispositivos más modernos de Europa, muchos de ellos únicos en España.

Una batería millonaria al servicio del deporte, pero como le gusta decir a Kostas Gianikellis, su responsable, «al servicio de toda la sociedad», aunque paradójicamente es una sociedad que apenas sabe que existe. El laboratorio es la sede del Depatech, un centro de tecnificación del deporte paralímpico que por obra y gracia de los fondos europeos y del Ministerio de Economía se ha convertido en pionero en nuestro país.

El de biomecánica de la facultad cacereña siempre ha sido un departamento vivo. Firmados por Gianikellis y sus compañeros, desde 1995, cuando se fundó, hay trabajos relacionados con el mundo del deporte que todavía tienen vigencia. Ya en 2005 publicaron, por ejemplo, un análisis espacio-temporal de los golpes de pádel. Y antes de que el BMX fuera olímpico en Pekín 2008, también ayudaron a los riders extremeños a mejorar su rendimiento en la salida. Tiro con arco, natación, lanzamiento de peso… muchas son las disciplinas deportivas que se han beneficiado de la biomecánica.

Más reciente es un estudio personalizado del olímpico Javier Cienfuegos, al que recomendaron modificar su dinámica de lanzamiento para hacer llegar más lejos su martillo. Pero ese tipo de trabajos ha desaparecido de la agenda del laboratorio porque actualmente no hay ayudas económicas a la tecnificación del deporte de alto rendimiento y el laboratorio ha tenido que reinventarse girando hacia el deporte paralímpico, hacia Depatech.

Depatech surge de un grupo de investigación multidisciplinar de la Universidad de Extremadura denominado BioÉrgon (Biomecánica y Ergonomía) que actualmente forman, además del profesor Kostas Gianikellis, tres fisioterapeutas, un médico, dos ingenieros técnicos y dos licenciados en Educación Física. «El Ministerio de Economía hizo una convocatoria para que desde regiones industrialmente atrasadas como la nuestra se pudieran promover iniciativas basadas en tecnologías avanzadas, y presentamos Depatech. En Madrid lo vieron claro y lo financiaron con 1.300.000 euros», así explica Gianikellis el germen del actual Depatech, que se inauguró en la primavera de 2016, aunque originalmente la idea podría haber servido de base para la creación de un Centro de Alto Rendimiento en El Anillo cuando Carlos Rodríguez era consejero de los Jóvenes y el Deporte de la Junta con el PSOE. Un proyecto que murió por el cambio político y la falta de recursos.

«Aquí no tenemos nada»

La particularidad de este proyecto es que se basa en la Compra Pública Innovadora (CPI). «Hasta hace poco se financiaban proyectos para apoyar el trabajo de los grupos de investigación de la universidad, pero con la CPI Europa pretende que los investigadores detecten necesidades del mercado en materia de tecnológica, que lancen al mercado un reto, y que concursen empresas que puedan resolver ese reto con el objetivo de desarrollar un producto, una patente, algo nuevo e innovador que pueda salir al mercado». Lo que pretende la CPI es que las empresas que concursen sean de la propia región. «Pero aquí no tenemos nada», se lamenta Gianikellis. Las dos empresas que han aceptado los retos lanzados desde Cáceres son Tecnalia, que se llevó cinco desarrollos, e Ingevideo, que se quedó uno. Tecnalia es una empresa del País Vasco líder en Europa con 2.500 investigadores, un coloso; e Ingevideo es madrileña. Ambas empresas se han llevado 350.000 euros, un tercio del presupuesto, el resto se ha utilizado para adquirir tecnología», explica Gianikellis, que después recibió otro millón de euros procedente de fondos estructurales europeos con la misma finalidad.

Una tecnología al servicio, primero, del deporte paralímpico. «El deporte paralímpico necesita una teoría de entrenamiento propia, sobre todo porque la Organización Mundial de la Salud afirma que el deporte debe ser parte de la rehabilitación del discapacitado. No es sólo entrenar, es mejorar la salud y la vida del discapacitado», detalla Gianikellis. «El deporte paralímpico ha cambiado, ya no es sólo una actividad integradora, se ha profesionalizado, hay patrocinadores, se retransmite por televisión… Tiene necesidad del apoyo de científicos que analicen la condición física y técnica de los deportistas». Y para eso esta Depatech.

En el espacio del laboratorio de biomecánica se aprietan entre paredes negras unos medios tecnológicos que van desde un escáner 3D que tiene el tamaño de un minipiso y que puede conseguir un modelo tridimensional de una persona con un detalle milimétrico, a un tapiz rodante en el que se puede subir una silla de ruedas mientras se monitorizan en tiempo real cientos de datos cinemáticos o fisiológicos, pasando por otro espectacular tapiz rodante con una pantalla gigante de realidad virtual que se utiliza para prevenir el riesgo de caídas. Además de un sistema isocinético que permite diseñar rehabilitaciones personalizadas o un sistema para valorar la pisada de los deportistas y el posterior diseño de plantillas correctoras. Entre otras joyas.

¿Y qué se está haciendo con todo eso? Las aplicaciones deportivas y rehabilitadoras son evidentes. Con un modelo tridimensional de un jugador de baloncesto en silla de ruedas se puede diseñar el cojín que mejor se adapte a sus características. Conociendo perfectamente la pisada de un futbolista se puede diseñar una plantilla que evite lesiones. Igual que si se pueden detectar los desequilibrios que una determinada prótesis provocan en un paciente se puede diseñar otra o recomendar una rehabilitación para corregir ese problema. Saber qué altura debe tener una escalera para que una persona con osteoporosis no fuerce sus huesos evita fracturas de cadera. Lo cierto es que cualquier interacción de una persona con su entorno puede ser estudiada desde la biomecánica.

Sonia observa cómo Miguel Rodal trabaja con su modelo tridimensional.

Sonia observa cómo Miguel Rodal trabaja con su modelo tridimensional./ L. Cordero

Sin mercado

Pero todas esas posibilidades ahora mismo está infrautilizadas. «En Extremadura, por ejemplo, no hay un equipo deportivo de baloncesto en silla de ruedas que se pueda permitir que evaluemos a todos sus jugadores y diseñemos sus sillas de ruedas o unos cojines nuevos que les eviten problemas de espalda», se lamenta Gianikellis, que ve en las instituciones el verdadero motor en Extremadura de este tipo de tecnología. «Ahora mismo no tenemos dinero para patentar una plataforma robótica diseñada por nosotros y construida por Tecnalia que podría estar en todas las residencias de ancianos y que les ayudaría a mejorar su equilibrio postural y reduciría las caídas de este tipo de pacientes». Gianikellis también cree que Depatech puede ser el complemento perfecto para los departamentos de traumatología de los hospitales extremeños.

Y aunque las trabas son muchas, Depatech está explorando otros caminos. Gracias a una silla de montar monitorizada, el laboratorio puede diseñar la silla que un jinete concreto necesita. Crear un modelo en tres dimensiones para después llevarlo a producción. «El problema es que aquí en Extremadura no hay nadie que fabrique esas sillas. Una silla para raid, una de las modalidades en las que más sufren caballo y jinete, puede costar entre 2.000 y 3.000 euros. Poco menos de lo que costaría una diseñada por nosotros y que sería única además de más duradera», explica Gianikellis, que tampoco entiende por qué los deportistas en silla de ruedas tienen que irse a México a comprar su silla por falta de fabricantes en España. Precisamente en el desarrollo de sillas de montar para raid se ha mostrado interesado recientemente Ahmad Al-Khatib, empresario conocido en Extremadura por ser el propietario del matadero de Olivenza y por sus contactos en los Emiratos Árabes, países en los que el cuidado de caballos y jinetes es casi cuestión de estado y con un poder adquisitivo fuera de dudas. Los contactos de Al-Khatib podrían abrir una vía de colaboración con la Universidad de Dubai.

Pronto, Depatech hará también un estudio para Muroexe, una marca de zapatos española que se caracteriza por la calidad de sus materiales, la comodidad y la tecnología con la que se fabrican. Ahora también podrán estar avalados científicamente desde Cáceres. «Podemos ser muy útiles para los fabricantes de zapatos, para estudiar sus modelos actuales o para aportar soluciones a futuros modelos».

Las sillas del futuro

Pero hay más, desde hace semanas en Cáceres se está probando una silla de ruedas del fabricante asturiano Moveker que ha creado un sistema de propulsión para sus sillas basado en dos palancas y que pretende ser la alternativa al clásico basado en utilizar las ruedas para impulsar o dirigir las sillas. Depatech pretende analizar su eficiencia, rendimiento, su comodidad y ergonomía y ofrecer posibles mejoras o corregir errores.

Depatech puede ser el socio tecnológico de la industria, pero también un buen compañero de viaje de las administraciones. Las posibilidades son infinitas. Uno de los trabajos de los que Gianikellis se muestra más satisfecho, aunque no haya llegado todavía a buen puerto, es un proyecto de accesibilidad para la Ciudad Monumental de Cáceres. «En el laboratorio podemos reproducir todas las condiciones de las calles de la ciudad, determinar el esfuerzo que un turista en silla de ruedas tiene que realizar para recorrerlas y recomendar distintas rutas en función de esos parámetros. Es lo que llaman turismo accesible, y Cáceres podría ser pionera también en eso».

A Gianikellis y su grupo de investigación y a la Universidad de Extremadura les toca ahora saltar los muros universitarios. Firmar convenios de colaboración o contratos con empresas, darse a conocer en la industria e ir un paso más allá de la divulgación científica. Aunque Gianikellis no es muy optimista por la propia organización universitaria y la falta en España de una industria vinculada con el diseño y producción de material deportivo de alto rendimiento. «La Facultad de Ciencias del Deporte no tiene relación alguna con la industria», se lamenta. «Creamos desempleados. Es una aberración invertir en universitarios para que terminen trabajando en un gimnasio o en Decathlon». Gianikellis no se muerde la lengua, como su ‘colega’ Bernie Ecclestone.

Fuente: http://www.hoy.es/extremadura/201701/28/formula-extremena-20170128193300.html?ns_campaign=rrss&ns_mchannel=boton&ns_fee=0&ns_source=tw&ns_linkname=extremadura

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