Como padre e hijo en el Amfiv.

Manu Lorenzo (17) y Salvador Zavala (44) se llevan 27 años y comparten vestuario en el equipo vigués.

Imagen:XOAN CARLOS GIL.

Compartido por Mila López Vernet.

Publicado por lavozdegalicia.es/noticia/vigo.

Les separan 27 años. Salvador Zavala (44) incluso tiene un hijo un par de años mayor que Manu Lorenzo (17). Pero los jugadores del Amfiv de baloncesto en silla -el veterano y el benjamín de la plantilla, respectivamente- comparten vestuario y tienen más en común de lo que pudiera parecer a simple vista. Los dos encontraron en la canasta una válvula de escape que ha marcado la vida en positivo del mexicano y que tiene todas las papeletas para hacer lo propio con el ferrolano.

Salvador tenía doce años cuando un atropello desencadenó que tuvieran que amputarle la pierna izquierda, mientras que Manu nació con paraparesia espástica, una enfermedad genética que ha ido mermando su capacidad para caminar a medida de iba creciendo. A una edad similar comenzaron los dos a practicar el baloncesto. «Yo ni siquiera sabía que existía eso», confiesa Zavala, a quien una doctora le planteó la posibilidad de probar suerte. «En realidad primero me habló de la natación, y empecé por ahí con la rehabilitación. Pero veía a la gente con las sillas jugando al básquet y me llamaba mucho la atención», relata.

A Manu le pasó algo parecido, pero quien le metió el gusanillo a él fue su hermano, seis años mayor y que padece su misma dolencia, que también sufre la madre de ambos. «Él empezó con Álvaro Illobre. Me animó a probar y desde el primer día me enganchó. Quería ir a entrenar siempre», recuerda. Fue en el Basketmi de su ciudad, desde el que le fichó el Amfiv hace tres años.

Aunque Salvador es el ejemplo extremo, Manu se ve rodeado en el vestuario de gente mucho mayor que él. No le incomoda lo más mínimo. «Todos me aportan mucho, son mis modelos. De Salvador en la pista me fijo mucho en el tiro y el contacto, pero luego sobre todo en cómo apoya al resto, cómo te anima cuando fallas y el modo en que potencia el trabajo en equipo».

Para Salvador sí que es extraño en ocasiones, dice, verse rodeado de gente tan joven. «Se hace raro verte como el veterano, pero aparte de que tienes la experiencia, también te anima a cuidarte y esforzarte al máximo para poder seguir aportando», cuenta. En Manu ve a un talento de futuro: «Le sobran cualidades, pero le digo que las potencie, que tiene que luchar por superarse y no dejar pasar las oportunidades. Ahora le ha llamado la selección. Lo tiene todo para ser un gran jugador, depende de él».

Admite Manu que alguna regañina por parte de Salvador y del resto de compañeros le cae de vez en cuando, pero solo «cuando toca», admite. «Me insisten en que no descuide los estudios y si hago cosas mal también me corrigen». El primero, Salvador. Como padre e hijo, pero dentro del mismo vestuario.

 Dos vidas guiadas por el baloncesto en silla.

Salvador Zavala llegó a España en 1999. Nunca se había planteado cruzar el charco, pero cuando se le planteó la posibilidad no se lo pensó. «Ahora es mi medio de vida. Tengo a mi familia, mi mujer y mis dos hijos en México y el baloncesto es mi manera de mantenernos», comenta. Por eso espera poder jugar dos o tres años más y luego regresar a su país ?donde no hay una liga estable ni opción de subsistir como profesional de esta disciplina? y montar su propio negocio.

Cuando llegue ese momento de decir adiós, sabe que lo extrañará. «Doy por bueno lo que me pasó por todo lo que me ha supuesto: conocer muchísimos amigos, países en los que jamás habría estado, participar en Juegos… ¡Y de niño me encantaba el fútbol y correr! Pero todo lo que he conseguido no tiene precio», agradece. Y destaca que le sirvió para integrarse en la sociedad. «Al principio lloraba mucho, veía a mis amigos y deseaba jugar con ellos. Luego con el baloncesto empecé a disfrutar como nunca».

Manu Lorenzo, por su parte, se vino a Vigo hace tres años. Aunque a otra escala también le supuso «un salto gigante» dejar Ferrol por Vigo a los 14 años. «La primera semana sí que piensas si te habrás equivocado, pero hoy es mi segunda casa. Y el baloncesto, mi manera de expresarme». ¿Se ve con 44 como Salvador? «Claro que sí, y espero que más si se puede. Hasta que el cuerpo aguante».

A día de hoy, los dos son partícipes de un éxito, el del Amfiv 2016/2017, en parte inesperado, pero fruto del trabajo. Y de que, con independencia de edades, aseguran, son «una piña».

Fuente: http://www.lavozdegalicia.es/noticia/vigo/2017/02/09/padre-hijo-amfiv/00031486596846085404850.htm

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